lunes, abril 07, 2008

Walter Cata Roque, el tecnico campeon del 95


Nota Extraida de El Deber de Santa Cruz


Es de los pocos entrenadores foráneos que marcó época en el fútbol nacional. Bajo su mando, Oriente Petrolero avanzó a la tercera fase de la Copa Libertadores de América en 1988, con aquel memorable equipo en el que estaban Rómer Roca, Marciano Saldías, Celio, Romero y Carlos Da Silva, entre otros. Y no sólo eso, sino que también en 1995 llevó a San José de Oruro a lo más alto haciéndolo campeón nacional por primera vez. Hoy, su vida continúa ligada al mundo de la pelota ya que desde diciembre pasado se desempeña como supervisor general de las divisiones menores de la Federación Venezolana de Fútbol (FVF). Sin duda un puesto que le encanta porque si algo tiene el profe ‘Cata’, es un buen ‘ojo’ para los talentos que pintan a futuro.
Sí, un buen ‘ojo’, porque fue él quien hizo debutar a Diego Cabrera en el profesionalismo, cuando dirigió a Oriente Petrolero, en 1999. Este miércoles, ‘Manacha’ recibirá el Premio Mayor 2007 que entrega esta casa periodística y, como era de esperarse, el ‘profe’ hizo un repaso por aquel momento en el que mandó traer a Diego desde Trinidad, donde participaba de un Nacional, nada menos que para hacerlo debutar en un clásico frente a Blooming. “Estoy feliz, hago lo que me gusta, lo mío es el fútbol”, resume ‘Cata’ Roque, un entrenador uruguayo reconocido no sólo en Bolivia, sino también en Venezuela, donde dirigió equipos importantes y en el que se incluye, además, la selección mayor de ese país.


- ¿Cuál es la realidad actual de ‘Cata’ Roque?
- Primero, cuando me vine de Bolivia, trabajé con gente del ministerio de Deportes, aunque al poco tiempo acepté la oferta de dirigir Caracas F.C., por pocos partidos. No se dieron los resultados y me tuve que ir. Eso sí, en 2006, volví a la actividad trabajando en Carabobo con Lino Alonso, que fue a Santa Cruz muchas veces con las menores de Venezuela, al Mundialito y a los Sudamericanos sub 15 y 17.

- ¿Y cómo llega a ser supervisor de las menores de Venezuela?
- El contrato con Carabobo acabó en diciembre del año pasado y Alonso asumió como parte del cuerpo técnico de Venezuela, junto a César Farías, me invitaron y me metí de lleno en la supervisión organizativa y técnica de las selecciones menores de este país.

- Bolivia ha ido seguido a Venezuela por la Copa América, por las eliminatorias y ahora por un amistoso. ¿Visitó al plantel?
- En la Copa América (junio de 2006) estaba en plena pretemporada con Carabobo, así que solo asistí al partido que cayó ante Uruguay (1-0). Luego, por las eliminatorias mundialistas, en octubre pasado, la pasé muy bien, porque tuve la suerte de que ‘Happy’ Peredo y el señor Zambrana me invitaran a formar parte de la delegación. Viajé con ellos a San Cristóbal, charlé con Platiní, ví las prácticas y bueno, más no podía pedir. Me gustó el reencuentro con gente amiga.

- ¿Y en este último duelo?- La cosa sucedió así. Viajé a Puerto La Cruz casi sobre la hora, aunque me dio tiempo para pasar antes por el hotel. Hablé con Platiní, con Aragonés, con el profe Vaca y luego me dirigí al estadio. Al plantel no lo ví porque ya estaban concentrados, previo a la charla técnica. Pero al llegar allá y ver salir al equipo, me emocioné. Eran 14 ó 15 los chicos que trabajaron conmigo en las inferiores, que ya estaban en la selección mayor, incluyendo a Raldes y Álvarez. Ese instante me hizo acordarme del dicho que dice que los padres se ponen contentos cuando ven a los hijos grandes.

- ¿Quién lo sorprendió?- Todos, incluyendo al hijo de Saucedo Landa (Mauricio Saucedo), que entró en el segundo tiempo. Me acordé que lo tuve en la escuela de Milton Melgar y ya pintaba. Esos muchachos me trajeron un recuerdo grande que no me dejó dormir. Es que son las cosas del fútbol, las grandes alegrías íntimas que sólo te da este deporte. Yo no conozco la riqueza, la satisfacción de decir que tengo mucho dinero y que voy a disfrutar, lo que para mí vale y lo disfruté mucho, es ver a esos muchachos crecidos jugando superior a Venezuela. Eso me dio el inmenso placer de sentirme rico.
- ¿Quién más lo sorprendió?
- Lorgio Álvarez, Joselito Vaca, Ronald Raldes, el chico Martins y
obviamente ‘Campitos’ (Jhasmani Campos), para mí el último de los ‘mohicanos’. Él es quizá el jugador con mayor rendimiento, pese a su edad. Tiene unas condiciones bárbaras y, es hoy en día, uno de los grandes elementos de Bolivia.

- Usted dirigió muchos equipos en Bolivia, entre ellos Oriente, Blooming, Guabirá, San José... ¿A cuál de todos recuerda más?- Supe hace poco, a través de la Internet, porque entro a diario y hasta tengo mi correo, de que ‘Choco’ Antelo volvió a ser presidente de Oriente Petrolero. Esto me trajo un gran recuerdo, porque fue bajo su presidencia que con Oriente hicimos una gran campaña en la Copa Libertadores del 88. Fuimos quizá el primer equipo en Sudamérica que eliminaba a Olimpia en su propia cancha. Al enterarme del retorno de él, me alegré, incluso hasta lo comenté con mi esposa y mis hijos, porque Oriente me dio la chance de salir en andas por primera vez a escala internacional. Le guardo un gran cariño al club y a su gente.
- ¿Qué cosas fueron clave en aquella campaña?- El grupo humano, el esfuerzo y la dedicación de todos. Y le digo algo, que entre los jugadores de fútbol siempre hay ‘bandidos’. Pero yo siempre empleo aquella frase que dice: ‘bandidos de noche, pero muy guapos de día’. En aquel plantel había esa chispa, entre ellos Erwin Romero, una gran persona y un gran jugador. Él lo demostró así.

- ¿Cayó usted bien en aquel grupo, o ellos cayeron bien en usted?- Ambas cosas, porque disfruté cada partido de aquella memorable campaña. Cada gol, cada victoria, fue algo inolvidable. Es que hacer el gol del triunfo no se compara con nada. Sí, con nada, eh, ¡ni con el sexo! (se ríe) me atrevería a decir.

- En los últimos años, ¿revivió esos momento junto a sus jugadores, en alguna cena o en un café?- En ocasiones solíamos juntarnos con Celio Alves, con Roca, con Marciano Saldías y nos reíamos de todo. Me acuerdo que a Olimpia le ganamos por 2-0 con goles de Carlos, el ‘Negrito’ Da Silva. ¡Qué equipo que tenía! Saldías (lateral izquierdo) era un adelantado, era un jugador para este tiempo. Tenía una velocidad impresionante, un remate, un despliegue físico... Son cosas que da gusto recordar (Oriente avanzó hasta los cuartos de final. También eliminó a Colo Colo, pero fue frenado por el América de Cali).

- Esta semana es el Premio Mayor y lo recibirá Diego Cabrera, a quien usted hizo debutar...
- Lo conozco bien, a él, a su padre (Gilberto) y a sus hermanos. Cuando vino con la selección para la Copa América, el año pasado, lo vi grande. Es un gran jugador y lo quería tener por acá. Lo recomendé al Táchira, al Carabobo, porque tengo un alto concepto futbolístico de él. Sé que en Colombia, jugando para el Deportivo Cúcuta (casualmente el equipo donde Wálter Roque se despidió como jugador profesional) le va bien, que ha marcado muchos goles y se lo merece. Quizá al comienzo sus méritos se vieron truncados por la idiosincrasia del país, de crecer como muchacho sin ver las cosas de otra manera, pero se rehizo a tiempo y mostró sus verdaderas condiciones en la cancha, donde debe ser.

- ¿Cómo es que se anima a incluirlo en un clásico, trayéndolo de un Nacional y con sólo 15 años?
- No fue el único chico en ese partido, porque también jugó Ronald Rivero, que vino con Bolivia el año pasado a la Copa América. Pero bueno, ya conocía bien a Diego porque lo había visto jugar en las menores. Las características de él, la tienen pocos jugadores. Es un nueve que entra y sale del área permanentemente. Esa dinámica vino con él y lo demostraba a los 15 años, porque no era de ésos que esperaba que le cayera la pelota en el área. Este jugador te sorprendía con su cambio de ritmo, en la corta y en la larga, por derecha y por izquierda. Por eso me animé a traerlo del Nacional de Trinidad.
- ¿Habló antes con él?- Le dije que tuviera seguridad, entusiasmo -lo que debe tener todo chico de su edad-, y sobre todo una humildad inmensa. Eso era lo más importante. Sabía que no iba a fracasar, le dí mi total respaldo, no sólo mío sino del grupo, hice que sintiera ese apoyo y lo largué a jugar. Ahora, como te dije antes, esas cosas son las satisfacciones que no cambio por nada, y fue justamente lo que viví cuando vi jugar a la selección en Puerto La Cruz. Me pasé todo el trayecto de vuelta hablando del fútbol boliviano.

- Cuando lo propuso para e Táchira y Carabobo, ¿por qué no se dio su llegada?- No lo sé, pero al menos cumplí, porque no es la primera vez que recomiendo un jugador de Bolivia. Estando yo en Paraguay hablé con el entonces entrenador de Cerro Porteño, Sergio Markarián, para que le abriera las puertas a Luis Héctor Cristaldo, y lo hizo. Le fue tan bien, que acabó siendo uno de los mejores del plantel.

- Desde su perspectiva, ¿cómo se ve fuera del país al futbolista boliviano?- Cuando vine al Deportivo Táchira, salí campeón con jugadores bolivianos. Estaban Jefferson Gottardi (+), Francisco Takeo, y poco después vino Herland Sánchez. Y nos fue bien también en la Libertadores, porque con estos mismos jugadores eliminamos a un equipo mexicano ganándole en casa y de visitante. Son capaces de asumir cualquier desafío.
- ¿Por qué decidió trasladarse a Venezuela?- En Bolivia tengo grandes amigos y no los dejé, porque en cualquier momento puedo volver. Por suerte, no salí enemistado con nadie, con ningún dirigente ni con ningún jugador, lo que sucedió es que consideré que ya había cumplido un ciclo, que personalmente no fue el más satisfactorio. De todas formas, me queda el sabor de haber hecho historia dirigiendo a Oriente Petrolero y a San José.

- A propósito de San José, el año pasado salió campeón por segunda vez, después de que dieran la vuelta con usted en 1995. ¿Siguió la final frente a La Paz F.C.?- Es como dice el dicho, ‘donde hubo fuego, cenizas quedan’. Me alegré mucho con aquel gol de Alex da Rosa y más sabiendo que el técnico era Marco Ferrufino, que fue campeón conmigo en el 95, pero como jugador. Es una persona muy valiosa que demostró ser muy capaz aplicando conceptos que aprendió en toda su carrera. Oruro y por supuesto él, lo merecían.

- Varios de los que estuvieron a su cargo, ahora son técnicos. ¿Habrán aprendido algo del Wálter ‘Cata’ Roque?- (Se ríe). Un entrenador de fútbol tiene mucho que ver con un maestro de escuela, aunque más allá de lo que uno hubiera aportado, está la vocación de cada uno por seguir una profesión. Y también disfruto viendo dirigir a Tucho Antelo, a ‘Pino’ García, creo que Saldías está por ahí, Rómer Roca y otros más. Yo, y de verdad te lo digo, lo único que le pido a la vida es que me dé muchos años más para seguir disfrutando de todo esto.

- Esa pasión por el fútbol en usted, parece no disminuir...
- Cuando nací, a una cuadra de donde yo iba a vivir había una cancha de fútbol. Ahí jugaba un equipo que se llama Uruguay-Montevideo, que es de 1905, y fue donde di mis primeros pasos. Y bueno, cuando me toque, quiero también estar muy cerca de una cancha de fútbol, sentir ese aroma a grama, a polvo, hasta el último instante.

- Y sobre la selección actual, ¿qué criterio tiene de Bolivia?- Seguí de cerca los últimos dos partidos, y creo que el que se jugó por las eliminatorias, en aquel 5-3 que les volcó Venezuela, tenía que haber ganado. Son cosas del fútbol, porque quienes vimos ese duelo, incluyendo al técnico, a los hinchas y a los dirigentes, no entendíamos por qué se había perdido. En este último partido, el 26 de marzo pasado, ví una Bolivia mucho más madura y mereció ganar como al final lo acabó haciendo (1-0). Esto tiene que marchar de a poco.

- ¿Hay material humano?- No en cantidad, como en otros países, pero el que hay, es muy valioso. Platiní y todo su cuerpo técnico tienen claro el panorama.

Sus frases

“‘Campitos’ (Jhasmani Campos) es para mí el último de los ‘mohicanos’. Un jugadorazo”

“No conozco la riqueza ni sé cómo se la disfruta. La felicidad mía es ver crecidos a quienes dirigí”

“Nací cerca de una cancha, y cuando me toque, quiero estar en un lugar similar”

Perfil

Un hombre de fútbol

Wálter Roque nació en Uruguay y fue uno de los jugadores más destacados de su país. Debutó con la camiseta de Bella Vista, en 1949, y se retiró oficialmente del fútbol activo 20 años después en el Deportivo Cúcuta, de Colombia.
Integró también la selección de su país, aunque no pudo jugar un Mundial porque en el 57 quedaron al margen de la cita ecuménica en Suecia. Su esposa se llama Teresa y sus hijos son: Silvia, Natalia, Gustavo y Luciano, que jugó hace años en Universidad, en la ACF.

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